miércoles, 6 de febrero de 2013

Grundlegung zur Metaphysik der Sitten (Immanuel Kant, 1785).




De acuerdo con Kuhlmann (2005) Grundlegung zur Metaphysik der Sitten es la primera obra de filosofía moral en la fase crítica de Kant, ocupando una situación intermedia entre Kritik der reinen Vernunft y Kritik der praktischen Vernunft. Para Sedgwick (2008) se trata del primero de los tres trabajos fundamentales de Kant en filosofía práctica: Kritik der praktischen Vernunft (1788) y las dos partes de Metaphysik der Sitten (1797-1798). Sandel (2011: 123) señala que la Grundlegung apareció entre la Revolución Americana y la Revolución Francesa, respecto a las cuales comporta una referencia a lo que los revolucionarios del siglo XVIII denominaron derechos del hombre y lo que actualmente consideramos como derechos humanos universales. Ahora bien, Sedgwick considera que la Grundlegung es un tratado en filosofía práctica, cuya intención es proporcionar el fundamento para ésta en el sentido de proveer un sustento filosófico o justificación para la norma suprema en que está basada toda la filosofía práctica. En este sentido, la obra proporciona el principio supremo en que descansan las dos partes de Metaphysik der Sitten. Finalmente, Sedgwick advierte que la Grundlegung no debe ser considerada como una obra de ética aplicada.[1] El objetivo que Kant define para la Grundlegung es el establecimiento del principio supremo de la moralidad. Este principio debe establecerse, de acuerdo con Kant, prescindiendo de todo referente empírico, los cuales pertenecen al campo de la antropología. La definición del mismo tiene que ser elaborado por una filosofía moral pura, la cual proporciona el fundamento a priori a través de la razón. Por lo tanto, una metafísica de las costumbres investiga la idea y los principios de una voluntad pura posible. El fundamento de tal metafísica, como veremos en la parte final de este trabajo, tiene su fundamento en la crítica de la razón pura práctica. En términos metodológicos, Kant establece una dialéctica concreto-abstracto-concreto: “Pasar analíticamente del conocimiento común a la determinación del supremo principio del mismo, y luego volver sintéticamente de la comprobación de ese principio hasta el conocimiento común, donde se encuentra su uso”.





I. Contexto e importancia de la Grundlegung zur Metaphysik der Sitten.

Una distinción central de la filosofía de Kant es la diferencia entre filosofía formal y filosofía material. La primera se ocupa estrictamente de la “forma del entendimiento y de las reglas universales del pensamiento en general”, por consiguiente, es el campo por excelencia de la lógica y los postulados a priori, nunca determinados por la experiencia. La segunda se ocupa, en cambio, de “objetos determinados y sus leyes” y comprende el estudio de las leyes de la naturaleza (física) y las leyes de la libertad (ética). Por lo tanto, la filosofía formal comprende la filosofía pura, donde sus principios y teorías son derivadas de principios a priori; en cambio, la filosofía material comprende la filosofía empírica, la cual se apoya en fundamentos de la experiencia. No obstante, no debe inferirse de esta distinción una oposición absoluta entre ambos campos, ya que de acuerdo con Kant la razón pura práctica y la razón pura especulativa poseen unidad: “Ya que al fin y al cabo no pueden ser más que una y misma razón que sólo se distinguen en lo que atañe a su aplicación”.

Ahora bien, en la filosofía pura Kant introduce una distinción más: Si ésta es meramente formal entonces nos encontramos en el campo de la lógica y el pensamiento a priori, no obstante si ésta está referida a “ciertos objetos del entendimiento” nos encontramos con el campo de la metafísica. A su vez, el campo de la metafísica se divide en la metafísica de la naturaleza y la metafísica de las costumbres. En este sentido Kant critica a los pensadores que confunden las partes formales (filosofía pura) de un campo con las partes empíricas (filosofía material). La intención de Kant es el establecimiento de una filosofía moral pura, formal, universal y a priori, ajena completamente de la experiencia, esto es, de la filosofía material, pero concretamente de aquella parte de la filosofía empírica que se ocupa de las leyes de la libertad: la ética. La ética es comprendida por Kant dentro del esquema de la filosofía empírica, no obstante aún distingue en ésta una parte empírica, denominada antropología práctica y otra parte racional-formal, que es la moral. De este modo, antes del establecimiento de las leyes de una antropología práctica en el campo de la ética es necesaria la fundamentación de una metafísica de las costumbres, que vendría a ser la parte racional-formal de la ética.



Cuadro 1. Fuente: elaboración propia.

¿Por qué Kant postula lo anterior? Porque considera un hecho indiscutible que la ley, si es que ha de poseer un valor moral, esto es como fundamento de una obligatoriedad, debe referirse a una necesidad absoluta, y ésta no puede ser establecida más que por la filosofía pura, jamás en el campo de lo empírico. Además de esta justificación de índole formal, Kant argumenta que tal cuestión es sumamente necesaria en razón de que las costumbres están expuestas a la corrupción, siendo necesaria una norma suprema para su exacto enjuiciamiento que pueda servir de guía fiable para el hombre. Por lo tanto, el objetivo que Kant atribuye a la Grundlegung es el establecimiento del principio supremo de la moralidad. Kant clasifica a la metafísica de las costumbres como parte de la filosofía pura, cuyas teorías se derivan exclusivamente de principios a priori. No obstante, esta metafísica se limita a “ciertos objetos del entendimiento”, distinguiéndose de la otra parte de la filosofía pura que Kant denomina como formal, es decir, como aquella ocupada “solamente de la forma del entendimiento y de las reglas universales del pensamiento en general”.


II. Voluntad buena como bien supremo: Necesidad moral, deber y felicidad.

Kant postula que aquello que sólo puede ser considerado bueno sin restricción es la buena voluntad, que es buena en sí misma, nunca como medio para algún fin.[2] La buena voluntad dirige nuestros actos a un fin universal y constituye la condición que confiere dignidad a la felicidad. Para Kant, el verdadero destino de la razón es el producir esta voluntad. Por otro lado, la preocupación sistemática de Kant acerca de la motivación de los resortes de la voluntad y de la acción reside en que si aquellas han sido movidas por el deber, entonces poseen un valor moral.[3] La voluntad y la acción carecen de valor moral cuando han sido motivadas por las inclinaciones, las necesidades o el egoísmo.[4] Para Kant, es “absolutamente imposible” el establecimiento, por medio de la experiencia y con absoluta certeza, de los motivos internos de una acción, si ésta ha tenido su fundamento en valores morales y no en inclinaciones, en “algún impulso secreto del egoísmo oculto”.[5] Kant es escéptico de que nos hallemos en un mundo de virtud verdadera, ya que “uno se tropieza por todas partes con el amado yo” y con la dialéctica natural de poner en duda la validez del deber y la ley en función de nuestras inclinaciones y necesidades, no obstante los mandatos de la moralidad son siempre exigibles a pesar de que la práctica y la voluntad hayan sido movidas siempre por el egoísmo. 

Un elemento importante de lo moral en Kant es la condición de necesidad que denota que el acto moral no sólo debe ser bueno en sí, es decir, conforme a la ley moral, sino que debe suceder por la ley moral.[6] El sujeto de esta moral posee una voluntad pura, esto es, una voluntad no determinada por motivos empíricos sino exclusivamente por principios a priori. Una voluntad pura es necesariamente una voluntad buena o santa, ya que no realiza un acto moral en función de elementos empíricos, sino por el querer, es decir, por la acción moral en sí.[7] De tal modo, se debe distinguir cuando una acción moral se realiza por deber, en conformidad con el deber o por inclinaciones inmediatas, intereses o intenciones egoístas. Kant postula que una voluntad buena contiene el concepto del deber, actuando moralmente por deber, es decir, por la moral en sí. Esta voluntad buena es la única que nos hace dignos de ser felices. La voluntad buena es el bien supremo, su fin, siempre condicionado, es la felicidad. En consecuencia, una acción hecha por deber posee valor moral en razón de los principios y máximas por las cuales fue resuelta, nunca por los propósitos y fines que fueran consecuencia de la misma.[8] De tal modo, Kant define al deber como “la necesidad de una acción por respeto a la ley”. La voluntad del sujeto debe ser determinada por la ley, aún con las demandas de sus inclinaciones, intereses o los fines que pudieran resultar de ella.

III. El imperativo categórico

Una voluntad buena está exenta de constricción, ya que su querer siempre es coincidente con la legislación universal. La constricción es definida por Kant en la Grundlegung como una determinación de la voluntad a las leyes, cuando estás aparecen a la mismo como contingentes. Es decir, la constricción es intrínseca a la voluntad imperfecta.[9] Por lo tanto, esta voluntad en cuando racional es objeto del mandato, que es: “la representación de un principio objetivo cuando es constrictivo para una razón”.[10] Del mandato surge el imperativo, ya que éste es la forma en que el primero se expresa. El imperativo siempre se expresa como un deber ser. Kant formula nítidamente la naturaleza del imperativo en la Grundlegung: “Constituye sólo una fórmula para expresar la relación entre las leyes objetivas del querer en general y la imperfección subjetiva de la voluntad de tal o cual ser racional”. Ahora bien, Kant elabora una distinción central en torno al imperativo: O bien puede mandar hipotéticamente o mandar categóricamente. El imperativo hipotético representa la necesidad práctica de una acción como medio de conseguir otra cosa que se quiere (principio problemático-práctico y principio asertórico-práctico[11]). Los imperativos de la habilidad (técnica, adecuación de los medios al fin) y la sagacidad (pragmática, consilia más que praecepta) forman parte del mismo. Éstos imperativos se refieren a los actos que se representan como necesarios para conseguir otro fin.

Por otra parte, el imperativo categórico[12] representa una acción en sí misma como objetivamente necesaria, sin referencia a otros fines (principio apodíctico-práctico). Dentro de éste se encuentra el imperativo de la moralidad, no referido a la materia y resultados de la acción, sino a la acción misma. El imperativo categórico es un mandato absoluto al tiempo que prácticamente necesario, como tal, es incondicionado.[13] En consecuencia, Kant establece que esta clase de imperativo debe investigarse completamente a priori.[14] Por otra parte, es el único imperativo que se expresa en una ley práctica, esto es, aquella legislación que representa una acción posible como buena y necesaria para un sujeto guiado por la razón práctica. Por lo tanto, los imperativos hipotéticos no pueden representarse como parte de la ley práctica, sino como principios de la voluntad. Siguiendo esta distinción central, podemos distinguir también entre una máxima y la ley práctica: La primera denota el principio subjetivo de la acción, la regla práctica que determina la acción en conformidad con las condiciones materiales del sujeto, incluyendo sus inclinaciones. Es el principio por el cual obra fácticamente el sujeto. La segunda, por lo tanto, denota el principio objetivo de la acción, con validez y universalidad para todo ser racional. 

La primera formulación del imperativo categórico, en tanto en cuanto parte de la ley práctica, es la siguiente: “Obra sólo según aquella máxima que puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal”.[15] Kant insiste en que sólo hay un imperativo categórico y de este se derivan, como un principio, todos los imperativos del deber.[16] Kant complementa la primera formulación del imperativo categórico en razón de que la universalidad de la ley es lo que se denomina naturaleza, esto es: “la existencia de las cosas en cuanto que están determinadas por leyes universales”. Por tanto, la primera formulación del imperativo categórico puede formularse también como el imperativo universal del deber: “Obra según máximas que, al mismo tiempo, puedan tener por objeto presentarse como leyes naturales universales”; “Obra como si la máxima de tu acción debiera convertirse, por tu voluntad en ley universal de la naturaleza”. El deber en general y los deberes particulares se derivan del imperativo categórico, por tanto, nunca se expresan hipotéticamente.[17]

La segunda formulación del imperativo categórico se deriva del concepto de persona. Kant entiende como persona a los seres racionales cuya naturaleza los distingue como fines en sí mismos, por lo tanto, no pueden nunca ser utilizados como un medio, esto es, como el fundamento de la posibilidad de una acción cuyo efecto es el fin.[18] Las personas son fines objetivos: su existencia es un fin en sí mismo; tiene un valor absoluto. De la tesis anterior se deriva entonces la segunda formulación del imperativo categórico: “Obra de tal modo que te relaciones con la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio”; “Trata a todo ser racional (a ti mismo y a los demás) de tal modo que en tu máxima tal ser valga al mismo como fin en sí mismo”. Este principio es una condición necesaria del imperativo categórico, posee validez universal como ley para todo sujeto racional, es decir, para la humanidad, la cual posee valor absoluto y es un fin en sí misma.[19]

La tercera formulación del imperativo categórico parte del hecho de que es el ser racional mismo el sujeto de los fines supremos en tanto en cuanto legislador universal, por tanto: La voluntad de todo ser racional es una voluntad universalmente legisladora. Kant argumenta enseguida que, de este modo, la voluntad del ser racional no se somete sin más a la ley, tampoco por interés (atracción o coacción), sino que lo está en tanto voluntad autolegisladora. De tal modo, la tercera formulación del imperativo categórico manda que “se haga todo por una máxima de la voluntad que pueda considerarse al mismo tiempo universalmente legisladora con respecto al objeto”. Una voluntad que se somete a su propia legislación, al tiempo que ésta es universal, es considerado por Kant como el principio de la autonomía. Para Kant es heterónoma toda voluntad guiada por principios opuestos a éste, como el interés o las inclinaciones.

IV. EL reino de los fines y el reino de la naturaleza

Al concepto de una voluntad auto-legisladora Kant vincula estrechamente el concepto de reino de los fines. Reino denota en la Grundlegung: “el enlace sistemático de distintos seres racionales mediante leyes comunes”. Ahora bien, el reino de los fines se constituye con el enlace sistemático, por medio de leyes objetivas comunes, del conjunto de fines privados de los seres racionales y de los fines en sí, y de este modo se contrapone al reino de la naturaleza, que es posible “según leyes de causas eficientes mecánicas”.[20] 

En cuanto a los seres racionales que integran el reino de los fines, Kant elabora una doble distinción: Se es miembro de aquel reino en cuanto legislador universal pero además como sujeto obligado a las leyes, es decir, como el sujeto del deber; como sujeto de la constricción práctica. Por otra parte, pertenece al reino como jefe, en tanto en cuanto no está sometido a la voluntad de otro, su voluntad no posee limitaciones, descansa en el principio de que sus máximas puedan ser una ley universal, es decir, se constituye así misma como una voluntad universalmente legisladora. 

El establecimiento de la definición del reino de los fines le permite a Kant re-conceptualizar el concepto de moralidad: “La moralidad es aquella condición bajo la cual un ser racional puede ser un fin en sí mismo, puesto que sólo por ella es posible ser un miembro legislador en un reino de los fines”; “[es] la relación de las acciones con la autonomía de la voluntad, es decir, con una posible legislación universal por medio de máximas”. En este sentido, cuando las máximas de una voluntad coinciden necesariamente con aquella legislación universal se constituye entonces como una voluntad absolutamente buena o santa. En cambio, aquella voluntad “no necesariamente buena” puede ser constreñida moralmente, es decir, hacer que sus máximas dependan de aquella legislación, a esto es a lo que Kant llama obligación. De lo anterior se sigue que la necesidad objetiva de una acción obligatoria es el deber. 

El concepto de reino de los fines permite además a Kant introducir una distinción en torno al valor de los actos. Por un lado, está aquello que posee un precio, es decir, que puede ser sustituido equivalentemente. Estos actos son externos y sujetos a comercio. Por otra parte, existe aquello que posee dignidad, es decir, que se encuentra por encima de todo precio y no es sujeto de equivalencias. Para Kant son la moralidad y la humanidad en cuanto es capaz de moralidad lo único que posee dignidad. Derivado de lo anterior, la legislación universal, en tanto en cuanto determina todo valor, posee dignidad, un valor incondicionado e incomparable, al cual los sujetos tributan respeto. 

V. Autonomía de la voluntad y heteronomía de la voluntad

Ahora bien, es la autonomía de la voluntad el “único principio de la moral”: Aquel estado en que el sujeto se autolegisla y al mismo tiempo busca incluirlas en una posible legislación universal. Una voluntad autónoma constituye al sujeto como un ser con dignidad: un ser que no obedece a otra ley que aquella que él se da a sí mismo, y al hacerlo se sustrae de las leyes naturales de sus necesidades.[21] El imperativo categórico de todo ser racional, como miembro legislador en un reino universal de los fines es: “Obra siguiendo las máximas de un miembro legislador universal de un posible reino de fines”. 

Una voluntad que no es libre está guiada por la necesidad natural, es decir, que la causalidad de nuestros actos está determinada por una instancia ajena a la voluntad misma. De tal modo, la voluntad es heterónoma y constituye la fuente de todos los principios morales espurios. En cambio, una voluntad libre es una voluntad autónoma, es decir, una voluntad que es “en todas sus acciones, una ley para sí misma”. El principio que guía lo anterior es el imperativo categórico o imperativo de la moralidad: “actuar sólo según aquella máxima que puede presentarse como ley universal”. De tal modo, Kant postula que una voluntad libre y una voluntad sometida a leyes morales son la misma cosa. Ahora bien, para Kant la idea de una voluntad libre debe ser presupuesta como propiedad de todo ser racional. Todo ser racional debe considerarse como una inteligencia, es decir, como un miembro del mundo inteligible, como un ser guiado por leyes de la razón y por lo tanto como un ser libre, ya que la libertad “no es otra cosa que la independencia de las causas determinantes del mundo sensible”. El ser racional es libre (sus acciones no son determinadas por la necesidad natural) y autónomo (se autolegisla siguiendo como principio el imperativo categórico), por lo tanto es un ser cuya voluntad se encuentra sometida a las leyes morales. 

VI. Transición hacia una crítica de la razón pura práctica

La tercera sección de la Grundlegung tiene como propósito enfrentar la cuestión acerca de la posibilidad y necesidad del imperativo categórico. El primer paso que lleva a cabo Kant, es la determinación de la naturaleza de la libertad y la necesidad de ir más allá de una mera concepción negativa de ésta, es decir, la libertad como mera ausencia de obstáculos externos para la voluntad. El concepto positivo de libertad postula su causalidad no sólo como ajena a una heteromía de una voluntad guida por necesidades naturales, sino una causalidad según leyes inmutables. Estas leyes inmutables son generadas por la actividad autolegisladora del sujeto autónomo, guiadas por la máxima de que deben convertirse en una ley universal. De lo anterior, Kant infiere lo siguiente: “voluntad libre y voluntad sometida a leyes morales son la misma cosa”. No obstante, hasta este punto Kant argumenta que aún no es posible hacer comprensible la deducción del concepto de libertad a partir de la razón pura práctica, y con ella, la posibilidad del imperativo categórico.

El siguiente paso comporta una suposición central: “a todo ser racional poseedor de voluntad debemos atribuirle necesariamente la idea de la libertad bajo la que obra”. La libertad debe atribuirse a todos los seres racionales dotados de voluntad. Para Kant entonces, la libertad no es algo que pueda probarse empíricamente, cuestión a la que volveremos más adelante. En seguida, Kant se pregunta acerca del por qué obliga la ley moral e identifica en este asunto la aparición de un circulo vicioso: “Nos consideramos libres en el orden de las causas eficientes para pensarnos como sometidos a leyes morales en el orden de los fines, y luego nos consideramos como sometidos a dichas leyes porque nos hemos atribuido la libertad de la voluntad”. Para Kant, la primera percepción es que se genera un circulo vicioso debido a que la libertad y la autolegislación son conceptos equivalentes, no obstante, ambos son autonomía, y uno de ellos no puede tomarse para explicar al otro y establecer su fundamento.

En el siguiente paso Kant introduce la noción de mundo inteligible, que parte del hecho de que nuestro conocimiento sobre las cosas (fenómenos) percibidas por nuestros sentidos sin mediación del albedrío, desconoce lo que los objetos son en sí mismos. De tal hecho se deriva la distinción entre mundo sensible y mundo inteligible. Es la razón aquello que posibilita la distinción entre ambos mundos y la condición de posibilidad de la inteligencia, es decir, aquella cualidad que hace al hombre ascender del mundo sensible y la condición heterónoma para constituirse como miembro del mundo inteligible, esto es, como sujeto libre y autónomo.[22] Una voluntad pura o santa se comprendería como un miembro absoluto del mundo inteligible, pero en cuanto a que el hombre se piensa como un ser obligado, debe considerarse como perteneciente tanto al mundo sensible como al mundo inteligible. 

La distinción anterior permite a Kant contestar una pregunta esencial: ¿Cómo es posible un imperativo categórico? El ser racional es miembro del mundo inteligible, no obstante, no es una voluntad absolutamente santa, sino que forma también parte del mundo sensible y sus leyes, inclinaciones, los intereses y la búsqueda de la felicidad que es inherente a él. El imperativo categórico comporta un deber para el ser racional siendo miembro del mundo sensible al mismo tiempo se constituye como ser libre y autónomo. Como miembro del mundo inteligible el deber moral es un querer necesario, pero como miembro del mundo sensible es un deber que se presenta bajo la forma de una proposición sintética a priori,[23] esto es, como un imperativo categórico.

La reflexión de Kant en la tercera sección de la Grundlegung deriva en una consideración acerca de los límites extremos de toda filosofía práctica, en este sentido Kant retorna a la tesis de que la libertad no puede ser un concepto de la experiencia ni un concepto que pueda ser probado empíricamente.[24] La libertad es una idea de la razón y Kant agrega que por tanto su realidad objetiva es dudosa, mientras que la naturaleza es un concepto del entendimiento, el cual puede demostrarse en la realidad. De lo anterior, para Kant, se genera una dialéctica de la razón, entre los conceptos del entendimiento y las ideas de la razón. La oposición entre ambos principios genera una doble representación en el propio sujeto racional: su condición como fenómeno en el mundo natural o sensible, y su condición como inteligencia en el mundo inteligible.

Finalmente, para Kant los límites de la razón práctica se revelan cuando ésta pretende conocer, tal cuales, los objetos del mundo inteligible, que viene a ser entonces “un punto de vista que la razón se ve obligada a tomar fuera de los fenómenos para pensarse a sí misma como práctica”. Es necesario suponer formalmente la existencia del mundo de la inteligencia al concebir al hombre como inteligencia poseedora de libertad, voluntad y autonomía. La razón práctica traspasa sus límites cuando se pregunta ¿cómo puede ser práctica la razón pura? Y ¿cómo puede ser posible la libertad? Tanto la razón pura práctica como la libertad son ideas puras que no tienen una realidad material y por lo tanto no pueden ser objeto de explicación basada en la experiencia. No obstante, para Kant, la suposición de la libertad tiene una ineludible necesidad para el uso práctico de la razón, convenciendo al sujeto racional de la validez del imperativo categórico (es decir, de la ley moral), aunque sea inconcebible en última la necesidad práctica incondicionada del mismo.[25] 

Conclusiones

Históricamente, la filosofía moral de Kant se opuso al punto de vista del utilitarismo, para el cual una acción es buena cuando maximiza la felicidad de un gran número de personas, concretamente la Grundlegung comporta una crítica radical a los Principios de la moral y la legislación de Jeremy Bentham, publicada cinco años antes en 1780.[26] Se opuso también, a la ética empirista que funda la validez de las normas no en instancias transcendentales sino objetivas. En la época contemporánea la filosofía moral kantiana se opone también a los enfoques relativistas, que niegan cualquier instancia de universalidad o unidad para declarar la validez radical de toda diferencia, como lo es la filosofía de Jean-François Lyotard, quién tras declarar la muerte de la metafísica y de los metarrelatos pondera la existencia de una constelación heterogénea e inconmensurable de juegos del lenguaje que constituyen auténticas nubes de pensamiento, nunca sujetas a ser integradas en un sistema de pensamiento (Lyotard, 1992: 20). De tal modo, los juegos de lenguaje no se someten a la autoridad de un metalenguaje universal.

Ahora bien, Kant busca establecer a priori el fundamento de la moral, con el objeto de que ésta posea necesidad y validez universal para todo sujeto racional. Es claro que establecer el fundamento de la moral en máximas particulares, así sean individuales o colectivas, devendría en que un punto de vista particular, contingente, se constituyera en una instancia universal. De ahí la importancia fundamental de la filosofía moral kantiana para establecer criterios morales y de justicia con validez general sin detrimento para la diversidad de culturas y Weltanschauungen, ya que además la noción de reino de los fines supone la pluralidad de sujetos guiados por la ley que ellos mismos se han dado (autonomía o autolegislación), pero unidos, en tanto sujetos racionales y morales, por la ley del imperativo categórico. Para Kant el sujeto racional, a través de la voluntad, es capaz de autodeterminarse y constituirse como un sujeto autónomo, que es la condición de la auténtica libertad. De tal modo, el sujeto racional se eleva por encima de las leyes de la naturaleza, pasiones e intereses para constituirse por medio de la razón como un sujeto moral, es decir, autónomo y libre. De tal modo, Kant establece la libertad de los sujetos autónomos como condición para la moralidad y por otro lado no establece una instancia de universalidad que a través de una política del terror suprima o uniformice la diferencia.


Referencias bibliográficas

Brugger, Walter (1994): A priori, en Diccionario de filosofía. Barcelona: Herder, p.37.
Guyer, Paul (2006): Kant. Cap. V “Laws of freedom. The foundations of Kant´s moral philosophy”. New York: Routledge, pp. 177-209.
Kuhlmann, H. (2005): Grundlegung zur Metaphysik der Sitten, en Volpi, Franco (2006), Enciclopedia de obras filosóficas. Barcelona: Herder, pp. 1144-1145.
Kant, Immanuel (1985): La paz perpetua. Madrid: Tecnos.
— (1990), Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Editorial Espasa-Calpe: Madrid.
Lyotard, Jean-François (1992), Peregrinaciones, Ley, forma, acontecimientos. Madrid: Cátedra.
Schmidt, Heinrich (1965), Imperativ, en: Philosophisches Wörterbuch. Stuttgart: Alfred Kröner Verlag, pp. 266-267.
San Agustín (1988): La ciudad de Dios. México: Porrúa.  
Sandel, Michael J. (2011): Justicia. ¿Hacemos lo que debemos? Barcelona: Debate.
Sedgwick, Sally (2008): Kant´s groundwork of the metaphysics of morals. An introduction. New York: Cambridge University Press.



[1] “We might expect from a treatise on practical philosophy a compendium of dos and don´ts, a guide to how we should conduct ourselves in particular situations. […] The Groundwork is nothing like a guide-book. For one thing, it contains very little discussion of concrete cases. On the rare occasion in which Kant considers an example of a particular moral problem, his treatment is highly abstract”. (Sedgwick, 2008: 4).
[2] „The function of practical reason is not to secure happines or produce a will that is good merely  as a means to happiness. Instead, the function of practical reason  is to produce a will that is  'good in itself'. “; „A good will is not motivated by objects of the faculty of desire. Its worth does not lie in the 'hoped for' or 'expected' realization of these objects“. (Sedgwick, 2008: 55 y 73).   
[3] Sandel (2011:135) identifica cuatro contrastes presentes en la filosofía moral kantiana que nos permiten aproximarnos a una comprensión adecuada de la misma: Primer contraste, referido a la moral: Deber/inclinación. Segundo contraste, referido a la libertad: Autonomía/heteronomía. Tercer contraste, referido a la razón: Imperativo categórico/Imperativo hipotético. Cuarto contraste, reino de lo inteligible/reino de lo sensible. En este trabajo desarrollaremos cada uno de estos conceptos.
[4] Un ejemplo claro sobre el valor moral de las acciones de una voluntad lo encontramos en el Libro XIX, cap. XIV de La Ciudad de Dios, donde San Agustín hace una distinción entre quien ejerce el mando “no por codicia o deseo de gobernar a otros, sino por propio ministerio de cuidar y mirar por el bien de los otros; ni por ambición de reinar, sino por caridad de hacer el bien”. De este modo el justo gobierna en función de una ley práctica, no por inclinaciones, egoísmos o intereses. No obstante, la filosofía moral kantiana se distingue fundamentalmente porque el fundamento del principio supremo de la moralidad no se encuentra en la religión, ya que ello conduciría a una voluntad heterónoma. Al respecto véase también Sandel, 2011:125.
[5] El argumento de Kant guarda simetría con el siguiente pasaje de la Suma teológica de Tomás de Aquino: “Pero el hombre no puede juzgar de los actos y movimientos exteriores, que son ocultos, sino sólo de los actos que aparecen al exterior. Y sin embargo para la perfección de la virtud es necesario que el hombre  proceda rectamente tanto en lo interior como en lo exterior”. (Tratado de la Ley, cap. II, art. 4, p.14)
[6] De tal modo, Kant define a la moral como sigue: “La moral es en sí misma una práctica en sentido objetivo, un conjunto de leyes incondicionalmente obligatorias según las que debemos actuar; después de haberle atribuido toda su autoridad a este concepto  de deber es una incoherencia manifiesta querer decir que no se puede obedecer” (Kant, 1985: 45).
[7] „The infallible will is 'perfectly good' or 'holy'. It is never 'temped' to break the law. Not only does it always choose to act from duty, it does so 'gladly', as Kant says“. (Sedgwick, 2008: 92).
[8] „A will has moral worth, however, only when it wills to realize a certain kind of object –only when its principle of volition is formal rather than material“. (Sedgwick, 2008: 73).  
[9] „If any being were perfectly rational, it would automatically act in accordance with this law, and the law would therefore not appear to be a constraint”. (Guyer, 2006: 179).
[10] „I have the capacity to impose law on myself thanks to the fact that I am more than merely an empirical nature“. (Sedgwick, 2008: 75). 
[11] Sus objetos respectivos son: Acción buena para un propósito posible y acción buena para un propósito real.
[12] “He [Kant] identifies this rule as the most basic principle by means of which we measure moral value. On his account, it is this rule that ultimately determines what we ought to do in specific cases”. (Sedgwick, 2008: 4).  “For imperfectly rational natures, such as human nature, the supreme principle of morality or categorical imperative is formulated as a command. It does not describe how we in fact behave; it requires us to behave in certain way. It expresses an ought.” (Sedgwick, 2008: 19). Por su parte, Guyer (2006: 180) aclara: “Categorical, because we recognize that its demands are unconditional, but an imperative, because we recognize this law as something we ought to follow, thus as a constraint, that is, not something we always want to follow. The concept of the categorical imperative is thus not identical to the concept of the fundamental principle of morality, but is rather the way in which the fundamental principle of morality presents itself to us as beings who are rational but not purely rational”.
[13] “Der hypothetische I. gilt nur unter gewissen Bedingungen; der kategorische I. drückt ein unbedingtes, unausweichliches Sollen aus, er legt die Form uns das Prinzip fest, aus der das Handeln folgt”. (Schmidt, 1965: 266). Aquí observamos también con Schmidt el hecho central de que el imperativo categórico comporta un deber incondicionado que proporciona el principio que guía la acción, en cambio la validez del imperativo hipotético se encuentra en razón de determinadas condiciones.  Sandel (2011:138) señala que el primero se vale de la razón pura práctica, el segundo de la razón instrumental: “Si quieres x, haz y”.
[14] „To say of a law or principle that is a priori is to say that is has its origin as well as its justification in pure reason. Since the supreme law of morality  is a practical law –a law that legislates over actions- its source, according to Kant, is pure practical reason“. (Sedgwick, 2008: 89).
[15] “Handle so, daβ die Maxime deines Willens jederzeit zugleich als Prinzip einer allgemeinen Gesetzgebung gelten könne”. (Schmidt, 1965: 266).
[16] Para Sedgwick (2008: 109) los imperativos del deber, derivados del imperativo categórico, son aplicaciones particulares del mismo: “These specific imperatives are categorical in that they, too, necessitate the will categorically or unconditionally. The imperatives (such as the duty to tell the truth or to care for the welfare of others) are particular applications of the one supreme categorical imperative”.
[17] Kant elabora una primera formulación de clases de deber en la Sección II:  deberes para con nosotros mismos (deber de conservar la propia vida) y deberes  para con los demás hombres (deber de no hacer falsas promesas); deberes perfectos (desarrollar el propio talento) y deberes imperfectos (deber de benevolencia). Para saber si una máxima se puede constituir como deber debe superar un test de universalidad, la cual es propia del imperativo categórico. Una máxima no puede constituirse como deber cuando falla el mencionado test, ya que al hacerlo contradice a la ley natural.  De tal modo, observamos que el imperativo categórico es también un procedimiento para establecer qué máximas tienen un carácter universal.
[18] „Kant sostiene que todas las personas son dignas de respeto, no porque seamos nuestros propios dueños, sino porque somos seres racionales, capaces de razonar; somos además seres autónomos, capaces de actuar y elegir libremente“. (Sandel, 2011: 125). Analizo el concepto de autonomía en el apartado V de este trabajo.
[19] “Humanity is an end in itself because of its capacity of practical rationality”. (Sedgwick, 2008: 142).
[20] Sedgwick (2008: 147) interpreta la división de Kant entre el reino de la naturaleza y el reino de los fines del siguiente modo: El primero se encuentra gobernado por “externally necessitated efficient causes”. Los objetos son gobernados por fuerzas mecánicas. En cambio, en el segundo la ley que gobierna es la ley que los seres racionales se dan a sí mismos como la expresión de su capacidad de autodeterminación o autonomía. Finalmente, Sedgwick considera la aspiración que expresa el segundo reino del siguiente modo: “An actual kingdom of ends, in other words, would be a world in which all rational beings acted only on universally valid maxim”.
[21] „Y actuar autónomamente es actuar conforme a una ley que me doy a mí mismo, no conforme a los dictados de la naturaleza o de la convención social“. (Sandel, 2011: 127).
[22] „To act 'under the idea of freedom' is to think of oneself in a certain way. It is to regard oneself not just as a product of the determination of laws of nature, but also capable of freedom or as possessing  the faculty of practical reason“. (Sedgwick, 2008: 180).  
[23] Sedgwick (2008: 173) considera que es complejo y difícil captar el razonamiento detrás de la insistencia sobre la naturaleza sintética imperativo categórico. Al respecto comenta: “A proposition is synthetic, he [Kant] writes here, if it contains two cognitions that are “bound together by their connection with a third. So the principle of morality is synthetic rather than analytic, presumably, because is not possible, merely by analyzing the concept of an absolutely good will, to derive the “cognition” that the maxim of such a will ought always to be universalizable”; “Kant is quite cognizant of the obscurity of these points; he acknowledges that he cannot set out to establish the synthetic nature of the principle of morality without 'further preparation'.”  Sedgwick encuentra que, de acuerdo con Kant, el análisis no puede probar que la ley moral es válida para toda naturaleza racional, del mismo modo, no puede probar  que la voluntad absolutamente buena es siempre moralmente necesaria para obrar de acuerdo a máximas universalizables. La tesis de Sedgwick es que en el caso de una voluntad imperfecta, como es la nuestra, se requiere una demostración sintética del principio supremo de la moralidad, ello bajo su interpretación final de que en la Grundlegung la voluntad absolutamente buena o santa no es una voluntad perfecta: “As I have suggested, this point follows from the fact that the absolutely good will, for Kant, is not a perfect will. A will that is absolutely good         but not perfect is capable of acting from duty, but it does not necessarily act from duty.” (176); “By means of analysis, we could in other words prove that the maxims of our will can always be regarded as universal law. Since our will is not perfect, however, we have no warrant for claiming that the moral law is valid for us. We thus need some way to demonstrate that this is so”. (186). Para el tratamiento amplio de este punto véase en esta obra el capítulo 5, punto 2.3: “The principle of morality is a synthetic proposition”.
[24]Although thinkable, things in them selves are outside space and time and therefore not possible objects of experience. And example Kant frequently cites of an object that is not a possible object of experience is God. If we assume, as Kant does, that God is a being  that trascendens space and time, the God is not a proper  object of scientific investigation“. (Sedgwick, 2008: 189).  Al igual que la idea de Dios, el concepto de libertad no puede ser probado empíricamente.
[25] En este sentido, Kant considera lo siguiente: „Para conciliar a la filosofía práctica consigo misma es necesario resolver con carácter previo si debe comenzarse  por el principio material de la razón práctica, el fin (como objeto del arbitrio), o por su principio formal, esto es, por aquel principio que dice (principio fundado sobre la libertad en la relación exterior): obra de tal modo que tu máxima deba convertirse en una ley universal (sea el fin que sea)“ (Kant, 1985: 55).
[26] Véase: Sandel, 2011: 123. 
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Grundlegung zur Metaphysik der Sitten (Immanuel Kant, 1785). José Lira Rosiles. by Jose Lira Rosiles is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 3.0 Unported License.