jueves, 25 de agosto de 2011

Año bisiesto (Michael Rowe, 2010)




Esta película llegó a mis manos por la afortunada recomendación de uno de mis compañeros, tuve bastante reticencia para verla, ya que el cine mexicano de la última década ha hecho un lugar común la corrupción, la violencia  y el mal gusto, lo que me han hecho desistir de él, en este caso me aventuré a ver el filme después de haber visto el tráiler, que me sorprendió por el tema. El largometraje obtuvo la Cámara de Oro en el 63 Festival de Cannes, con lo que pudo obtener mayor difusión en un país con una industria cinematográfica endeble. Las reseñas y comentarios que fluyeron hicieron énfasis en el carácter potencialmente "controversial" de las  escenas eróticas, así como el carácter agraciado o no de la protagonista Mónica del Carmen o del movimiento lento de algunas escenas. Me pareció que la mayoría de estas reseñas se extraviaban en aspectos superficiales, cuando no evidentemente carecían de una comprensión de la temática de fondo del filme.


En un momento la cinta trajo a mi mente Temporada de patos (2004), la opera prima de Fernando Eimbcke, que fue bien recibida por la crítica, donde la historia también se desarrolla exclusivamente en un departamento, en medio de la desgana y el aburrimiento, aunque en este caso tres adolescentes consiguen imprimirle más movimiento a la historia. En contraste marcado Año bisiesto explora los momentos más íntimos, pero también los más cotidianamente tediosos de Laura, una joven oaxaqueña que reside en la ciudad de México. En el filme se desarrolla  en un ambiente de soledad y tedio que avasalla, interrumpido por escenas con matices grotescos. El personaje central  comparte con su espacio la ausencia de vitalidad y movimiento, que únicamente nacen en  sus encuentros sexuales de ocasión, para morir inmediatamente cuando éstos terminan. Las relaciones de Laura caducan inmediatamente después del encuentro sexual. Como las mercancías que escoje en el centro comercial, en una escena no casual para la historia, aquéllas expresan una relación de uso despersonalizada y fría.

La soledad que Laura experimenta se acompaña por comportamientos patológicos que se van descubriendo en el personaje, como masturbarse detrás de la ventana observando a los vecinos o la invención de una realidad paralela donde Laura se auto-presenta en términos de normalidad social. El personaje siempre se encuentra constreñido por mostrar un aspecto de serenidad y felicidad en su vida, que intenta ocultar los conflictos y tristezas que la envuelven. La historia adquiere más dinamismo con el inicio de una relación sadomasoquista con uno de sus amantes, en la que se exploran temas límite, al grado de quizá quienes hemos visto El imperio de los sentidos (Nagisa Oshima, 1976) intuimos un determinado curso de la historia. Sin duda, Año bisiesto explora una historia interesante y a menudo poco comprendida, destacable además porque prescinde de personajes baladíes o clichés cinematográficos, a los que está acostumbrado el público mexicano.